Si alguna vez has pensado: “necesito que mi equipo vuelva a conectar”, déjame decirte que te entiendo. En el día a día se acumulan tensiones, aparecen silencios incómodos en las reuniones y ese “no se puede” termina convirtiéndose en una muletilla que frena ideas, decisiones y energía.
Por eso me gusta tanto el outdoor training. Porque no se basa en la teoría, sino en vivir una experiencia que cambia la forma en la que nos hablamos, decidimos y colaboramos. Lo mejor es que no se queda solamente en una actividad realizada, sino que, genera conversaciones que dentro de la oficina cuesta tener incluso cuando hay buen clima laboral.
Y ojo, esto no es un día en el campo y ya. Es formación aplicada, con un objetivo profesional claro. Yo lo planteo siempre con una pregunta muy práctica:
¿Qué necesitas que tu equipo haga diferente cuando vuelva al trabajo?
Qué es el Outdoor Training
El outdoor training es formación y aprendizaje presencial fuera de las instalaciones de la empresa. Pero cuando hablo de outdoor training, hablo de aprendizaje experiencial: aprendo porque lo vivo, lo siento y después lo analizo. No se trata de pasarlo bien (aunque suele pasar), sino de provocar situaciones en las que el equipo se vea tal y como funciona de verdad. Cómo se organiza, quién toma la iniciativa, cómo se gestiona el desacuerdo y qué pasa cuando algo no sale.
En lugar de sentarnos frente a una pantalla, salimos a un entorno diferente (normalmente naturaleza) y planteamos retos que obligan al equipo a poner en juego, en tiempo real, habilidades como:
- Comunicación
- Liderazgo
- Coordinación
- Toma de decisiones
- Confianza
- Gestión del cambio
- Resolución de conflictos
- Planificación y foco
Nosotros lo enfocamos con una idea simple: si no te lo llevas al lunes, no sirve. Por eso, antes de diseñar cualquier jornada conecto el reto con el día a día de la empresa. Objetivos, cultura, equipos, roles y momentos críticos (reorganizaciones, crecimiento, picos de trabajo, cambios de liderazgo…).
Por qué se aprende más cuando se vive
Yo lo veo así: en una sesión tradicional puedes entender cosas… pero en una experiencia, las incorporas. Porque cuando algo te pasa a ti y no lo ves desde la grada, aparecen hábitos y patrones que en una sala pasan por desapercibidos.
Cuando te sales de la rutina, el cerebro rompe el piloto automático y presta más atención. Cuando hay un reto, aparece el comportamiento cotidiano. Cuando lo revisamos con calma, llega el aprendizaje que se puede aprovechar. Además, en un entorno natural se reduce el ruido mental asociado a la urgencia constante, y eso facilita la claridad.
70-20-10: El aprendizaje que sí deja huella
Hay modelos de desarrollo que explican muy bien cómo aprendemos en el trabajo:
- 70% aprendemos haciendo (resolviendo problemas y afrontando situaciones reales).
- 20% aprendemos con otros (feedback, acompañamiento, observación).
- 10% viene de la formación más clásica.
El outdoor training ataca de lleno ese 70%: convierte las habilidades en práctica, no en intención. Y además refuerza el 20% porque el equipo se observa, se ajusta y se da feedback con un contexto muy concreto.
Menos ruido, más claridad
El entorno natural ayuda a bajar el nivel de ruido mental. Cuando el estrés se reduce, la creatividad empieza a aparecer. Y cuando la gente se siente segura, se atreve a proponer, a pedir ayuda y a liderar sin postureo.
Nosotros lo notamos especialmente en equipos que vienen cargados de reuniones, correos y urgencias. Al cabo de un rato, la conversación cambia. Se escucha más, se interrumpe menos y aparecen soluciones que en otro contexto no estaban saliendo.
Ejemplos de actividades outdoor training para entrenar lo importante
El diseño de actividades no se trata de hacer algo espectacular. Se trata de elegir el reto que provoca el comportamiento que queremos trabajar.
Para mí hay tres reglas:
- Debe ser relevante (útil para el trabajo del equipo).
- Debe generar datos (qué hicimos, cómo decidimos, qué evitamos).
- Debe permitir transferencia (acciones concretas que se puedan aplicar).
Aquí tienes cuatro ejemplos claros:
1) Cruce del desfiladero
Qué hacemos: el equipo tiene que transportar un objeto valioso a través de obstáculos usando recursos limitados.
Qué trabajamos: estrategia, liderazgo, reparto de roles y cómo se toman decisiones cuando hay presión. Suele revelar rápidamente si el equipo planifica antes de actuar, si escucha las ideas “de los que saben” o si se precipita por ir rápido.
2) Navegación por puntos
Qué hacemos: con mapa y brújula (o coordenadas), el equipo localiza puntos para conseguir recursos en un tiempo limitado.
Qué trabajamos: priorización, comunicación efectiva y confianza en quien tiene la información. También es muy útil para ver cómo se gestiona el error: si se busca culpable o si se reajusta el plan.
3) Construcción de balsa
Qué hacemos: diseñar y construir una balsa que flote y transporte a parte del equipo.
Qué trabajamos: coordinación, colaboración y calidad en la ejecución. Si no hay equipo, no flota y hablo de manera literal. Además, suele poner sobre la mesa varios puntos claves clave: cómo se reparten tareas, si hay seguimiento y si se pide ayuda a tiempo.
4) Circuito a ciegas
Qué hacemos: una parte del equipo avanza con los ojos vendados, guiado por señales acordadas.
Qué trabajamos: escucha, empatía, claridad al dar instrucciones y confianza profunda. Es muy potente para equipos donde hay exceso de control o donde cuesta delegar.
Cómo lo llevamos a las empresas para que tenga impacto
Para que funcione, nosotros siempre lo estructuramos de la siguiente manera:
- Diagnóstico: primero detectamos el dolor. ¿Falla la comunicación? ¿Hay silos? ¿Se evita el conflicto? ¿El liderazgo no está alineado? ¿El equipo está creciendo y no hay roles claros? Aquí definimos objetivos concretos (por ejemplo: “mejorar coordinación entre áreas” o “alinear criterios de decisión”).
- Diseño: seleccionamos retos y dinámicas según el objetivo, el tipo de equipo y el contexto. No es lo mismo un comité de dirección que un equipo operativo o un grupo híbrido.
- Experiencia: ejecutamos los retos con un diseño intencional y con seguridad. Observamos comportamientos, interacciones y momentos de tensión.
- Debriefing (lo más importante): paramos, miramos lo que ha pasado y lo convertimos en aprendizaje.
- ¿Qué hemos hecho?
- ¿Qué ha funcionado?
- ¿Qué nos ha bloqueado?
- ¿Qué conversaciones hemos evitado?
- ¿Dónde se repite esto en nuestro día a día?
- Transferencia: aterrizamos compromisos concretos: qué hacemos distinto desde mañana, quién lo lidera y cómo lo medimos. Aquí trabajamos con acuerdos de equipo (pocos, claros y sostenibles) y con indicadores sencillos. Reuniones más eficaces, decisiones más rápidas, menos fricción entre áreas y mayor autonomía.
Aquí es donde nosotros marcamos la diferencia. No dejamos que se quede en “qué guay”. Lo bajamos a acciones que dan resultados.
Lo que se consigue cuando se hace bien
Cuando el outdoor training está bien diseñado, pasa algo muy potente: el equipo vuelve con un lenguaje común, acuerdos claros y una sensación de “podemos con esto” que se nota en el trabajo.
Se ven cambios muy concretos:
- Conversaciones más directas (sin rodeos)
- Roles más claros y mejor reparto de carga
- Decisiones más ágiles (menos parálisis por análisis)
- Más confianza para pedir ayuda y dar feedback
- Mejor coordinación entre personas y áreas
No es una moda. Es una forma flexible y eficaz de entrenar lo que más cuesta entrenar dentro de una sala: comportamientos.
¿Necesitas una formación outdoor training?
Si necesitas una formación outdoor training contacta con nosotros. Indícanos qué necesitas mejorar en tu equipo (comunicación, liderazgo, confianza, coordinación…) y te propongo una jornada de outdoor training hecha a medida, con objetivos claros, una experiencia potente y resultados que se noten.
Diseñamos experiencias que se disfrutan, sí, pero sobre todo que se traducen en decisiones mejores, equipos más conectados y un día a día más fluido.

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