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Últimamente
empieza a sonar con fuerza una modalidad de formación que
combina la formación presencial tradicional con la formación online, es la
conocida como semipresencial o 'blended learning'. Es indudable
que la formación tradicional tiene sus ventajas y que el e-learning
tiene otras muchas ventajas, entonces ¿por qué no combinar ambas
modalidades en beneficio de los alumnos?
Dependiendo
del tipo de curso o de las competencias a desarrollar en los
alumnos, una solución mixta puede ser la clave para conseguir
los objetivos formativos propuestos. Pongamos por ejemplo un curso de
técnicas de venta, será muy difícil formar a un grupo de
alumnos sin un experto que "demuestre" a los alumnos
las técnicas, sin un juego de roles en vivo, sin una grabación
en video y su posterior análisis conductual. Por lo que lo más
recomendable sería desarrollar la parte práctica de forma
presencial y utilizar una plataforma de formación online como repositorio de contenidos, para
solventar dudas sobre el material de estudio, para debatir sobre
casos prácticos, para evaluar a los alumnos, etc.
Conseguimos
que el experto se centre en aquello en lo que puede aportar una
valor añadido, como son la demostración práctica y la mejora
conductual, mientras que el peso de la formación en
conocimiento teórico recae sobre la plataforma y los contenidos
online.
Es innegable
que el e-learning cuenta con dos elementos de indudable valor
pedagógico: la
plataforma de e-learning y los contenidos online:
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La plataforma de
e-learning
cuenta con numerosas herramientas de comunicación y de
interacción social, con repositorios de contenidos, con
herramientas de seguimiento de la participación y la
asistencia, herramientas que facilitan enormemente la
evaluación de los alumnos.
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Los contenidos online son
más amenos e interactivos que una clase magistral o un
libro en papel. Pueden incluir ejercicios, simulaciones,
esquemas conceptuales, en definitiva, consiguen que el
alumno asimile la teoría de una forma más eficiente que
tomando apuntes o escuchando pasivamente a un profesor.
El caso
propuesto es sólo un ejemplo de posible combinación entre
virtualidad y presencialidad, cada acción formativa, cada grupo
de alumnos requerirán una solución a medida. El diseñador del
curso tendrá que decidir en cada caso el grado y tipo de
elementos que serán online y/o presenciales. No se pueden
aplicar los mismos parámetros a un curso de técnicas de ventas
que a uno de idiomas. Y no hay que olvidar, que en la mayoría
de los casos, la formación online alcanza por sí misma los
objetivos formativos propuestos, por lo que será innecesaria la
presencialidad física.
Pese a que una
modalidad mixta bien gestionada puede suponer un alto grado de
satisfacción para el alumno y tener una alta efectividad
docente, no es menos cierto que no sólo hereda las ventajas de
la formación online y la tradicional, sino que también las
desventajas de ambas, como por
ejemplo, la necesidad de establecer unos horarios, disponer de
unas instalaciones, exigir un desplazamiento por parte del
alumno, etc. En definitiva, el blended learning tiene un
mayor coste (económico y tiempo), tanto para el organizador
como para el alumno.
El blended
learning es otra vía, la 'tercera vía', la que nos permite combinar los mejor de la
formación presencial con lo mejor del e-learning. Es una
modalidad que puede aportar una gran diferenciación y calidad a
la educación, pero que si no se gestiona correctamente se
vuelve en contra del organizador al suponer un sobre coste, una
molestia a los alumnos y ni mucho menos una mejora de la
efectividad educativa.
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